lunes, 19 de junio de 2017

Una orquídea, una amiga y una copa de vino

Las orquídeas: las que he podido cargarme de tanto cuidarlas. ¿Te ha ocurrido también? Y ahora tengo una que compré hace algunos meses, y sigue viva. Y ¿por qué sigue viva? Porque al estar yo distraida con otras cosas y no cuidarla como creía que necesitaba que la cuidaran, por no regarla con tanta asiduidad como yo creía que necesitaba ser regada, por no darle tanto cuidado como me gustaría darle, respira.

Le está creciendo una hoja nueva. Y está ahí, en la repisa de la cocina, al lado de la ventana, donde le da luz sin darle el sol, donde está tranquila sin mucho calor... y muy poca agua.

Las había ahogado. Pensé que como era una planta, un ser vivo, necesitaba los mismos cuidados que las otras plantas.

Y esto me ha hecho reflexionar. ¿Cuidamos en exceso a los que queremos como parejas? ¿No sería mejor solo regarlos de cuando en cuando? Parece funcionar con la orquídea...

La otra cuestión ha surgido cuando he abierto la nevera. He visto que tenía más fruta de la que iba a consumir en este viaje. Fui al súper hambrienta; compré innecesariamente más de lo que necesitaba, lo que no necesitaba.

¿No será que hemos ido al súper de las relaciones con hambre, y al ir con hambre nos hemos venido a casa con más de lo que necesitábamos o hemos comprado justo lo que había, por tener hambre, lo primero que hemos visto, para saciar el apetito?

¿Será que al estar sedienta he bebido lo primero que me han dado... sin importar lo que fuera, y al querer yo agua y tener sed, me he conformado con una copa de vino, que no me quita la sed, me enturbia el pensamiento y sigo bebiendo y apurando la botella porque no sacia?

Tal vez sea eso, que el hambre o la sed que sentimos la queremos paliar con lo que realmente no la calma, y cualquier cosa nos vale de sustituto.


Dedicado a una de las rubias que me acompaña en este viaje de aprendizaje que es la vida...